Posteado por: jose | marzo 9, 2015

Lágrimas.

Esa sensación de desgarro interior, esa impotencia, ese instante en donde no escuchas nada, ese instante en donde sólo sientes tu corazón palpitar, ese torrente de lágrimas que brota sin control y que por inercia hace que te sientes y que apoyando la cabeza en ambas manos mires al suelo sin ver nada.

Perder a un abuelo es simplemente indescriptible.

Hace tiempo que te habías ido, que no eras tu, pero aún así te escuchaba caminar, dar esos paseos por casa y sentarte en tu sofá, ese maldito alzheimer se había apoderado de tu mente, te impedía mostrar tu auténtico yo, tu fuerte e incorruptible personalidad, pero lo que no fue capaz de arrebatarte fue la mirada, esa mirada que cada vez que se centraba en mí me hacía sentir que tú y solo tú mandabas, que sólo tú eras el pater familias.

Nunca he conocido a nadie como tú, un hombre que de la nada hizo un imperio, un hombre que cruzó el atlántico para sobrevivir y que volvió demostrando que nada te era imposible. Eras la mitad de fuerte de lo que yo desearía poder llegar a ser, tu voluntad y determinación fueron la clave de tu éxito, para ti la palabra NO la habían borrado del diccionario.

Le podría contar al mundo alguna de nuestras aventuras, le podría explicar esas tardes en la recepción del hotel, le podría explicar como me dejabas jugar a ser gerente, a ser el jefe, a ser esa persona que con sólo decir una cosa los demás obedecían por el simple hecho de ser el nieto del SEÑOR MANUEL.

La última vez que te vi, entraste en casa y me viste sentado en la mesa del salón entre mis papeles y códigos, viniste hacia mi y a tu manera y señalando los folios me dijiste: “estudia hijo, eso es lo más importante para triunfar”. Esa imagen vuelve una y otra vez a mi mente y creo que siempre lo hará.

Abuelo: ¿te acuerdas de aquellas tardes que pasábamos en el Tamanaco o en la Hermandad?…a mi nunca se me han olvidado, contigo Caracas era un ciudad diferente, una ciudad en donde todo era posible.

Seguro que me estas viendo escribir esto desde donde quiera que estés y simplemente te puedo decir que te quiero, que te extraño y que tengo el alma rota, tan rota que no lloro porque no sirve de nada; te he perdido, te hemos perdido y el saber que no volveré a verte me destroza, aún es pronto para asimilarlo, quizás dentro de un mes me siente y simplemente llore.

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Responses

  1. Sé cómo te sientes. A mi ya me ha tocado sentirlo y aunque se que no te va a poder consolar, te acompañó en el sentimiento.

  2. Sin conocernos más allá de las preocupaciones de la oposición, solo puedo decir que te acompaño en el sentimiento. Ánimo…

  3. Sin conocernos más allá de las preocupaciones q compartimos, solo puedo decir q lamento mucho tu pérdida… Mucho ánimo..

  4. Muchísimo ánimo . Me has emocionado un montón .

  5. TE ACOMPAÑO EN EL SENTIMIENTO! ANIMO!

  6. Me has llegado mucho, de verdad que lo siento. A mi abuela le diagnosticaron hace poco Alzheimer y se me rompe el corazón cuando veo cómo va dejando de ser quien es, que se me está yendo… Un abrazo fuerte, OV.

  7. Muchísimo ánimo!! No seas muy exigente contigo mismo, es casi imposible estudiar… Nunca es consuelo lo que te diga nadie, pero perdí a mis padres con 3 meses de diferencia. Solo dos meses después, ya había vuelto al estudio. Visto con la perspectiva que dan 14 años, aquello fue el mayor error de mi vida y la principal causa de que no sacara la opo, y de mucho sufrimiento posterior. Así que cuídate. Sobre todo cuídate la cabeza, que seguro que tu abuelo también lo querría. Un fuerte abrazo!! Me he emocionado leyéndote…

  8. Buenas tardes, te sigo desde que empecé la oposición y he llorado solo de imaginarme que me pasase lo mismo. Mis abuelos son mis padres, y mi más grande motivación.

    He pensado que quizás te podría dar un pequeño consejo que te anime, desde mi mas humilde posición.

    Durante la carrera y durante mi vida en general he tenido momentos muy difíciles, muy muy difíciles.
    En esas noches de exámenes que pensaba, ¡me faltan horas!, me motivaba pensando en que jamás podía suspender y fallarles. Lo primero que hacía durante la carrera cuando me daban una nota de alguna asignatura era llamar a mi abuelo o a mi abuela. No había mejor recompensa que escuchar esa risa de felicidad y orgullo. En ocasiones pensaba que no iba a poder con todo pero siempre me ha empujado hacia adelante ellos, mis abuelos.

    Luego vino la gran decisión, empezar o no judicatura. Ellos confiaron más en mi que yo misma. No tienen estudios así que los pobres no entienden muy bien el trabajo que conlleva una oposición pero aún así siempre han confiado ciegamente en su nieta.

    La ilusión de sus vidas es verme cumpliendo mi sueño, se que nada les haría más felices que verme de jueza. Y esa es mi mayor motivación cada mañana. Cada día que estoy cansada, cada noche que se hace eterna.

    Espero conseguirlo y que ellos me puedan ver, pero si no es así, mi motivación para levantarme al día siguiente y no tirar NUNCA la toalla será no fallarles. Porque estén donde estén se sentirán felices y orgullosos.

    Mucho ánimo,


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