Posteado por: jose | julio 2, 2011

Crónica de un aprobado

La entrada que, supongo, todo opositor desea escribir.

Un mes con el aprobado a las espaldas. Yo pensaba que aprobar sabría distinto. Sabe bien, pero no es como me lo había imaginado. Te cuesta reaccionar, te quedas en estado de shock; cuando uno de los miembros del Tribunal sale, sonríe y te dice: enhorabuena, tú solo alcanzas a balbucear un gracias, sin ser consciente de lo que acabas de conseguir. Ahora, un mes más tarde, ya sí soy consciente de que he vivido uno de los días más importantes de mi vida. Me encantaría dar marcha atrás y disfrutarlo de nuevo.

Era un viernes por la mañana; los nervios, como en el primer oral, los dejé 50% en el bar donde me tomé la tila de rigor, y otro 50% en la charla con mi preparador mientras daba vueltas por la tan temida plaza, enfrente del Supremo. Mismos gestos que en el primer examen, ya que soy una opositora (o ex opositora) un poco neurótica, y cuando una cosa importante sale bien, repito las pautas: mismo traje, misma camisa, mismo bar, mismo boli.

Frente a la puerta del Tribunal se me pasaron por la cabeza las preguntas de siempre: ¿por qué yo? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué no estudiaría medicina? ¡Esto es horrible! Pero esas preguntas las contesté rápido: porque yo lo he elegido, porque me lo merezco, porque voy a aprobar. Y este momento es horrible, pero hay cosas y situaciones peores. Eso nunca lo he olvidado durante los casi tres años que duró esta andadura. Que la opo hay que relativizarla. Que sí, es muy dura, nunca desconectas…pero si estamos en esto es porque tenemos el inmenso privilegio de decidir qué hacemos con nuestra vida, y solo eso ya es importante, hay quien no tiene siquiera esa oportunidad. Y como me dijo una chica que iba delante de mío en el primer oral, al pasar el control policial: al menos de aquí salimos vivos.

Y con paso decidido crucé la puerta, advirtiéndole al policía que esta era la última vez que entraba como opositora. Lo sé, suena fatal y puede dar la sensación de una prepotencia injustificable. Pero no es prepotencia, es confianza, y en cierto modo es un escudo. Creo firmemente en que cuando estás convencido de que algo que depende de ti va a salir bien, saldrá bien. Nunca en estos años permití que pasara por mi cabeza la idea de que era imposible, nunca, ni siquiera cuando con seis temas a la semana el hecho de poder llevar 180 algún día me provocaba poco menos que risa. Y así, poco a poco fui creando una dinámica ganadora, una fortaleza mental y un grado de auto convencimiento que sé que es lo que me ha llevado a sacar la plaza. Buscan jueces, no loros. No sé explicarlo, pero me pongo en la piel de los miembros del Tribunal y estoy segura de que ellos, viendo como han visto miles de opositores, saben apreciar la diferencia. Supongo que es una mirada, o la capacidad de servirte agua mientras sigues cantando el ejercicio sin perder el hilo de lo que estás tratando, gestos en apariencia insignificantes pero que pueden influir positivamente en el criterio del Tribunal.

De todas formas tampoco os penséis que yo me puse delante del libro el primer día con esta actitud. Es trabajo de mucho tiempo y también, por qué no decirlo, de tener un preparador que la noche antes del examen te dice “ve mañana al Supremo no a que te aprueben, ve a por tu aprobado, y demuestra que mereces tener jurisdicción”

No quiero dar lecciones de nada, de hecho no sabía desde qué perspectiva afrontar esta entrada, si describir mi examen desde un punto de vista objetivo, o por el contrario contar mis sensaciones. He decidido escribir sobre el único tema en el que creo que puedo aportar algo: la confianza en uno mismo.

La convocatoria 2010 acaba de terminar, pero los que tenéis por delante 400 jugosas plazas en 2011 parad un momento y pensad: bien, partimos de la base de que hay 399, porque una es mía. Es fundamental no acomodarse. No puedes llevar dos años estudiando y pensar: este año no es el mío. ¿Por qué no? Ese es un discurso derrotista. Es un colchón que nos ponemos ante el miedo al fracaso. Y no hay peor fracaso que no intentarlo. Yo he aprobado en ese tiempo y no soy ningún genio. Solo hace falta creer. Creer y esforzarse. Una amiga fiscal que aprobó el año pasado, me dio un discurso que me dejó marcada, hace unos cuantos meses: “nunca mientas al preparador, te estás engañando a ti mismo. No dejes de estudiar ningún día, eso son dos años más de estudio. No dejes de ir al cante, eso también son dos años más de estudio, esfuérzate, aprovecha que estás bien, que el viento sopla a favor, estudia y aprueba. Pero ya”. Yo en ese momento me preguntaba: ¿y por qué tienen que ser dos años más? ¿Será uno, no? Supongo que esa fue su peculiar forma de convencerme, y vaya si surtió efecto; cuando ideas maquiavélicas nada relacionadas con el estudio pasaban por mi cabeza, yo solo recordaba: dos años más…

No quiero enrollarme mucho más, ni abusar de la confianza de Sendín, que tan amablemente me ha cedido su blog 😉 Si me deja de nuevo, volveré a escribir alguna entrada desde la Escuela Judicial. Pero sí querría hacer una mención a los que para mí son los verdaderos héroes de la oposición, porque estos pseudo consejillos que he dado más arriba pueden servir a quien viene de nuevas, con toda la fuerza y la ilusión. Pero me imagino (o no, igual ni alcanzo a imaginar) lo difícil que es recuperar la ilusión perdida por parte de los que llevan años batallando con judicaturas. Los que se han repuesto a injusticias, a suspensos y a golpes de mala suerte. También al paso de los años, a miles y miles de horas de estudio. Ellos son los héroes, los que aún con todo el peso que llevan a sus espaldas se levantan todas las mañanas y se ponen delante del Carperi. Resistid, porque estoy segura de que el que resiste, gana. Por años y años de lucha, tenéis que aguantar unos cuantos meses más, que la recompensa está muy cerca, y merece mucho la pena. Sois el verdadero ejemplo, y los jovenzuelos que estamos ya al otro lado no podemos más que aprender de vosotros.

¡Un fuerte abrazo!

La Scherbatsky, scherbatslu o @judginglu, al gusto de cada uno 😛

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Responses

  1. Me encantó la entrada, tu forma de contarlo y la fuerza que transmites a todo aquél que tenga un gran sueño en la vida.
    Estoy muy orgullosa y feliz de haberte conocido…
    Siempre pensé que ibas a aprobar, pero el día que nos cantaste un poco de tus apuntes a Becky y a mi en el Starbucks, flipé… fue alucinante ver como nos decías esas leyes difíciles, sin equivocarte ni siquiera en un punto ó una coma.
    Ahí definitivamente tenía el 100% de seguridad que lo lograrías.

    Te deseo lo mejor en esta nueva etapa, cuenta conmigo siempre para lo que necesites 🙂

    Un beso grande!!!!

    Marcela

  2. Simplemente perfecta la forma de transmitir todo lo que supone un aprobado. No es solo que te den jurisdicción, como dice tu ex preparador, sino que es el justo premio por el esfuerzo de tantas y tantas horas de estudio, de tantos y tantos sacrificios que hacemos día a día tanto en el terreno personal como en el académico.

    Yo también digo otra frase cuando me preguntan sobre mi positividad después de dos suspensos en un período de 4 meses, circunstancia que a más de uno le hubiera supuesto plantearse las cosas muy seriamente y, en cambio, en mi ha supuesto un aliciente para enfrentarme con más ganas e ilusión si cabe por conseguir llegar a una meta que no es flor de un día, sino de un trabajo de 23 años, desde el día en que en el parvulario, con 5 años, dije que yo “de mayor” quería ser juez.

    La frase que suelo decir es que “al final, si estoy año tras año aquí, me tendrán que aprobar aunque sea por pesado”. Es una forma muy llana de querer expresar que sea cuando sea, esto tiene que ser vencido, cueste lo que cueste y tarde lo que se tarde.

    No tengo más que palabras de enhorabuena para Lu y de ánimo y de confianza para el dueño del blog, que estoy convencidísimo que podrá escribir dentro de 366 días (uno más al ser 2012 bisiesto) una entrada similar a la que has escrito tú porque será el año de su triunfo.

    A los que leais mi comentario y hayais llegado hasta aquí quería pediros perdón por semejante tocho que he puesto.

    Un beso y un afectuoso abrazo a los dos

  3. Pues ala, por pesada y por pesado cuarti nos tendrán que aprobar no? Jijijiji. Jolines, a mí lo que me gustaría preguntarte scherbatasky es lo siguiente ¿A que te refieres cuando dices que no seamos loros? Es que cuando canto, por muy segura que lo cuente, por muchos gestos corporales que haga, me sigue dando la sensación de que no hago más que repetir como un loro lo qur llevan años escuchando. La miiiiisma cantinela de siempre ¿Sabes?

    Y otra cosa más, y también porque mi preparador me lo dijo y sus oalabras fueron “teatraliza, ellos lo unico q quieren es verse reflejados en ti”, esa frase me vino a la cabeza cuando pusiste lo de servirte el agua. Lo hiviste? A mi propablemente se me hubiera derramado…Podrias indagar mas sobre este punto? Gracias! Y cuarti, ya sabes, mientras estemos estudiando en vo alta deberemos practicar y echarnos agua o dar un sorbito al vaso y continuar con la exposicion!!! 

    Un beso a todos!

  4. Hola Eva!! Cuando digo que supongo que no quieren loros me estoy imaginando al opositor que suspende o saca poca nota a pesar de, según él, haber recitado todos los artículos posibles dentro de un tema. De hecho en la propia convocatoria hacen referencia a que el tribunal apreciará no solo los conocimientos teóricos sino también la capacidad de relacionar conceptos. Obviamente algo loros somos, es inevitable, tenemos que exponer un tema larguísimo en poco más de doce minutos. Tu preparador te da notas para completar los temas?? Sentencias, circulares de fiscalía…El nuestro sí lo hacía, en casi todos los temas, y ahí sí sabíamos que ganábamos puntos, que íbamos a decir algo que nunca habían escuchado…eso es importante.

    Y como te dice tu preparador, esto es puro teatro. De hecho una compi que aprobó el año pasado me mandó horas antes del oral un mensaje que decía: “el examen es una obra de teatro. Luce en lo que te sepas y actúa en todo lo demás”. Y tiene toda la razón. Efectivamente, conseguí servirme agua en mitad del tema del error, porque se me olvidó durante todo el examen y llegó un punto en el que no podía más. No sé ni cómo lo hice, el colmo fue que nada más terminar de servirme, pedí disculpas y dí un trago largo: en mitad del tema!! El presidente me sonrió, y yo seguí a los diez segundos, pero eso lo planeo y seguro que no me sale. Supongo que hay que intentar estar tranquilo, tener confianza y ser naturales. Pero vaya, que hoy, meses después, aún no me lo explico jaja

    besos!!


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