Posteado por: jose | marzo 16, 2010

La soledad me ha atrapado.

Estos días estoy sólo en casa, mi pareja se ha ido a Madrid a realizar un curso de formación, me alegro por ella porque significa que la valoran en su empresa, sin embargo la echo de menos, no me gusta la soledad.

En condiciones normales estamos juntos poco tiempo, se puede decir que soy el amo de casa,  por tanto nos vemos cuando ella acaba su jornada laboral, pero estos días al no estar ella siento más que nunca “el síndrome del opositor”.

Uno se da cuenta que lo importante de la vida son los pequeños detalles, eses micro-espacios de tiempo en los que se te olvidan tus obligaciones diarias, en los que no importa que hayas cantado mal ese día ante el preparador o simplemente en que te toca estudiar uno de esos temas que tanto odias.

Todos necesitamos a alguien que nos sirva de contrapeso, que nos devuelva a la realidad, ya sea obligándonos a tirar los libros la noche anterior al examen o echándote la mayor bronca posible por perder el tiempo. Ese alguien para mi es ella, a la que no me llegarán dos vidas para devolverle todo el cariño que me ha dado en estos años.

Como podéis comprobar la melancolía se ha apoderado hoy de mi, lo único bueno de que hoy no esté aquí es que sé que falta un día menos para que vuelva.

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